Mis cartas arrancan con un pensamiento.
No cuestiono: dibujo un faro
Estoy en el día a día y la intuición me dice "un faro". No me pregunto por qué ni para qué. Dibujo un faro.
Mientras lo hago aparecen más imágenes. Una tormenta. El faro tiene que estar arriba de una roca, tiene que ser de noche y las olas tienen que golpear fuerte. No lo decido, lo percibo, y todo lo que aparece en mi mente lo plasmo.
Recién mientras lo voy armando empiezo a hacerme preguntas: qué simboliza el faro, qué es para mí, qué dice el entorno. El simbolismo no viene antes de la obra, se revela haciéndola.
Muchas cartas nacen también de algo que leí. Las hago para no olvidarlo, porque crear es mi forma de estudiar. Por eso cada carta tiene su propia impronta y su propio origen.
El Eje, la carta N.º 22, nació de una lectura: El Eje: cuando tres colores se vuelven luz blanca.
Cartas que vienen de un sueño
Algunas cartas son oníricas. Una nació de un sueño muy vívido en el que estaba sentado frente a un templo, esperando que se abrieran sus puertas.
Al despertar entendí el mensaje: tengo que acordarme de estar sentado en la humildad, esperando a que mi ser se exprese. No forzar la puerta. Esperar a que se abra.
→ Ver El Templo, el templo interno
Cartas que vienen de una meditación
La Espada nació de una meditación. Me apareció como una espada de corte, y cada animal que lleva tiene un significado para mí.
Cuando la veo, me recuerda el poder que tengo. Funciona como un asset, como esos objetos de los videojuegos que juntás en el camino. En mi caso son elementos que me sirven para encontrarme y para recordarme quién soy.
Esa carta me llevó un mes. Hay otras que salen en un día.
→ Ver La Espada, el discernimiento
La técnica: fotomontaje con mi impronta
Cuando tengo la imagen clara, la construyo en fotomontaje. Hoy uso mucha tecnología y estoy empezando a sumar IA para mejorar algunos aspectos del proceso.
Pero lo central lo quiero hacer yo. Una carta tiene que llevar mi impronta y mi estilo energético, y eso no se delega.
El símbolo lo pone quien mira
Acá está lo más importante de todo.
Para mí el caballo simboliza las emociones, por todo lo que leí de masonería y esoterismo. Para otra persona puede simbolizar algo completamente distinto, y está bien que así sea.
Por eso a veces no me gusta explicar el simbolismo de cada carta. Cuando lo cuento, el que lo lee adopta mi significado, y el que tendría que ponerlo es su propio ser interior.
Pasa lo mismo que con el tarot: sacás una carta, la mirás y la llevás con vos todo el día. La vas vivenciando y ves qué energía te trae. La carta funciona como un espejo, no como un diccionario.
→ Ver El Caballo, la fuerza noble
Cómo crear tu propia carta simbólica
No necesitás saber dibujar.
- Aquietá tus aguas. A la mañana, hacé un ejercicio de introspección para alinear lo emocional, lo mental y lo físico. Unos minutos de silencio alcanzan.
- Dibujá lo primero que venga. Trazos sueltos, líneas, patrones. Si te dan ganas de dibujar algo concreto, dibujalo como puedas.
- No corrijas desde la mente. No hay que condicionar el trazo. Lo que importa no es si está bien hecho, sino el significado que le das desde la intuición.
- Cambiá de lenguaje si lo pide. Si en ese momento querés escribir, escribí. Si querés pintar, pintá. La carta puede ser una palabra, un color o un garabato.
- Preguntale a tu carta. Después mirala y preguntate qué simboliza para vos. Ahí empieza el trabajo.
Si querés profundizar en el arte como herramienta interior, seguí con El arte como herramienta de autoconocimiento y El arte como alquimia de la psique.